miércoles, 18 de enero de 2017

Están locos... pasión por la bici.

El otro día me dio un vuelco en corazón y me vi reflejado en un vídeo de 2009 de nuestros amigos ciclistas de montaña de latino américa, como el vídeo lo mismo desaparece o no lo pueden ver, lo que hice es pase a texto todo lo descrito en el y verán que si como locos como yo se ven  reflejados.

Yo los conozco, los he visto muchas veces y son raros salen temprano por la mañana y se empeñan en ganarle al sol cuando todos duermen, salen de puntillas sin hacer ruido no esconden nada no quieren molestar, están locos.

En verano pedalean, suben, bajan, sudan y se deshidratan para finalmente cansados disfrutan del descanso, en invierno se tapan, se abrigan, se quejan, pasan frio, se resfrían y dejan que las lluvia los moje, pedalean empapados siempre cuando no por la lluvia por el sudor y yo los he visto pasan veloces por la bajada, despacio entre los árboles, serpentean caminos de tierra, suben cuestas empinadas, cruzan puentes de madera, pisan hojas secas, suben cerros, saltan obstáculos y de vez en cuando huyen de algún perro el mejor aliciente para pedalear rápido dicen, escuchan música que acompaña el ritmo de sus piernas, escuchan el ruido de los neumáticos al derrapar en la graba, en las hojas, en el barro o el ruido de los tacos en el asfalto, todo eso es música para ellos yo los he visto no están bien de la cabeza y usan zapatillas con clic para no desprenderse de su querida bicicleta cuando salgan por los aires con ella.

Sudan el maillot, el casco, el culote y los guantes, miden su tiempo y su cadencia una y otra vez, tratan de ganarle a alguien que solo ellos lo saben, se inscriben en todas las carreras, rara vez ganan una y empiezan a correrla en noche anterior, sueñan que pedalean entre rocas y ríos, por la mañana se levantan como los niños en el día de los reyes, han preparado la ropa que descansa sobre una silla, como lo hacían en su niñez en víspera de vacaciones.

El día antes de la carrera comen pasta y no toman alcohol, pero se premia en demasía con carnes y cerveza cuando termina la carrera, nunca pude calcular le la edad pero seguramente anda entre los 13 y los 90 años, son hombres y mujeres que no están bien, se inscriben en carreras de 20, 40, 80 km e incluso más y antes de empezar ya saben que no ganaran aunque falten todos los demás, desprenden nerviosismo en cada salida y unos kilómetros antes de llegar necesitan ir al baño, ajustan su cronometro y tratan de localizar a los cuatro o cinco o los que hay que ganar, son sus referencias de carrera, cinco que pedalean a mí mismo ritmo, ganar a uno solo de ellos bastara para dormir por la noche con una gran sonrisa.

Disfrutan cuando pasan a otro ciclista pero lo alientan y le dicen que falta poco y le piden que no afloje, compiten ferozmente  y cuando se les pregunta contra quien contestan invariablemente que contra ellos mismos, cuerdos no están, se esfuerzan hasta el último aliento para pasar a ese ciclista su competidor acérrimo pero si lo ven en desgracia se detienen a auxiliarlo, quien les entiende, llegan a la meta exhaustos sin aliento, llegan en último lugar y aun así levantan los brazos en señal de triunfo, seguro que no están bien.

No las preparan pero tienen todas las escusas para el momento que llegan a la meta, no las preparan son parte de ellos, pinche, el desviador trasero fallo, los cambios venían saltando, el no dormir estos últimos días, el pedalear lento de los que salieron antes, perdí el camino en fin, les duelen las piernas, les dan calambres, les cuesta respirar, tienen punzadas en el costado y en casos puntales las piernas ya no quieren seguir más pero siguen y a medida que avanza la carrera los músculos sufren más y más, la cara se les desfigura y la sudor corre por ella, las puntadas empiezan a repetirse y 15 km antes de la llegada comienzan a preguntarse qué están haciendo ahí, están locos yo los conozco bien.

Se felicitan entre ellos, recuerdan parte del recorrido, hablan de la bajada peligrosa y de la cuesta insufrible, hablan de como las superaron, todos hablan y todos escuchan, los he visto muchas veces están mal de la cabeza, miran con cariño y sin lastima al que llega 20 minutos después, respetan al último y al penúltimo porque dicen que son respetados por el primero y por el segundo, se agrupan por equipos y comparten con esa segunda familia parte de los domingos, comparten todas las fotos que les sacan y no se dan cuenta que son iguales que la carrera anterior, cuelgan sus medallas y trofeos en partes de la casa donde la visitas los vea y tengan que preguntar.

Esta es del mes pasado, dicen tratando de usar su tono más humilde, esta es la primera que gane dicen omitiendo que se las entregaban a todos incluyendo al último, sufren caídas, se lastiman, descansan se recuperan y vuelven a subirse a su bicicleta, dicen que las heridas sanan y el dolor desaparece pero que la gloria vive para siempre y debe ser por eso que están locos.

Abecés salen solos en compañía de su inseparable bici, dicen que pocas personas por estos tiempos son capaces de estar solos consigo mismos una hora por día, ellos los disfrutan en esos parajes que parecen exclusivos para su deleite únicamente, lavan, arreglan, engrasan, abrillantan, a su bicicleta con tal cuidado que parece que la veneran, estoy seguro que si pudieran la llevarían al trabajo.

Nunca se acuerdan como empezaron pero se preocupan de invitar a otros, como el que quiere compartir su fortuna con los que quiere, se creen descubridores de un gran secreto al que solo siguen sus huellas en la bici de montaña, aquellos a los que convencen de probar una vez en unos meses empezaran a transformarse y quedaran tan locos como ellos mismos, me parece que quieren ganarle a la muerte ellos dicen que quieren ganarle a la vida, una cosa es cierta están completamente locos y solo ellos y los que se atreven a seguirlos son capaces de disfrutar esa locura como lo hacen ellos, el mundo sería otro sin duda si hubiera más locos así.

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